14 julio, 2026

Derrames, fracking y refinerías dejan huella ambiental y sanitaria en comunidades de México.

Derrames, fracking y refinerías dejan huella ambiental y sanitaria en comunidades de México

Derrames, fracking y refinerías dejan huella ambiental y sanitaria en comunidades de México

La industria petrolera y gasífera en México continúa generando impactos ambientales y de salud en diversas regiones del país. Comunidades de Puebla, Veracruz, Tabasco, Chiapas y el norte de México han denunciado contaminación del aire y del agua, así como afectaciones a la salud asociadas con actividades de extracción de hidrocarburos, fracking, refinación y derrames de petróleo.
En el ejido El Tablón, en Puebla, habitantes reportaron desde 2019 síntomas como dolores de cabeza, náuseas y vómitos vinculados a emisiones provenientes del pozo Pankiwi de Pemex. Organizaciones ambientales documentaron además derrames de hidrocarburos y contaminación de fuentes de agua, lo que ha obligado a algunas comunidades a depender de agua embotellada y de pipas.
El uso extensivo del fracking en proyectos como Aceite Terciario del Golfo ha sido señalado por especialistas y organizaciones civiles por sus efectos sobre los recursos hídricos y la calidad del aire. Estudios también advierten posibles riesgos para la salud, incluyendo enfermedades respiratorias, cardiovasculares, cáncer y malformaciones congénitas en zonas con alta exposición a pozos de gas.
En Tabasco, cerca de la Refinería Dos Bocas, padres de familia y estudiantes de dos escuelas ubicadas a menos de 500 metros de las instalaciones denuncian olores constantes a gas, humo negro y partículas contaminantes. Los menores han presentado problemas respiratorios, sangrado nasal, dolores estomacales y vómitos, por lo que la comunidad exige desde hace años la reubicación de los planteles.
Además, organizaciones ambientales señalaron que el derrame de hidrocarburos ocurrido en el Golfo de México durante 2026 afectó ecosistemas marinos, especies protegidas y actividades económicas locales. Aunque Pemex reconoció posteriormente la fuga en un oleoducto de la zona de Abkatún-Cantarell, ambientalistas sostienen que el impacto fue mayor al inicialmente reportado.
Los casos documentados reflejan los desafíos ambientales y de salud pública que enfrentan comunidades cercanas a proyectos petroleros y de gas en México, mientras organizaciones civiles exigen mayor regulación, transparencia y medidas de protección para la población.

La industria petrolera y gasífera en México continúa generando impactos ambientales y de salud en diversas regiones del país. Comunidades de Puebla, Veracruz, Tabasco, Chiapas y el norte de México han denunciado contaminación del aire y del agua, así como afectaciones a la salud asociadas con actividades de extracción de hidrocarburos, fracking, refinación y derrames de petróleo.
En el ejido El Tablón, en Puebla, habitantes reportaron desde 2019 síntomas como dolores de cabeza, náuseas y vómitos vinculados a emisiones provenientes del pozo Pankiwi de Pemex. Organizaciones ambientales documentaron además derrames de hidrocarburos y contaminación de fuentes de agua, lo que ha obligado a algunas comunidades a depender de agua embotellada y de pipas.
El uso extensivo del fracking en proyectos como Aceite Terciario del Golfo ha sido señalado por especialistas y organizaciones civiles por sus efectos sobre los recursos hídricos y la calidad del aire. Estudios también advierten posibles riesgos para la salud, incluyendo enfermedades respiratorias, cardiovasculares, cáncer y malformaciones congénitas en zonas con alta exposición a pozos de gas.
En Tabasco, cerca de la Refinería Dos Bocas, padres de familia y estudiantes de dos escuelas ubicadas a menos de 500 metros de las instalaciones denuncian olores constantes a gas, humo negro y partículas contaminantes. Los menores han presentado problemas respiratorios, sangrado nasal, dolores estomacales y vómitos, por lo que la comunidad exige desde hace años la reubicación de los planteles.
Además, organizaciones ambientales señalaron que el derrame de hidrocarburos ocurrido en el Golfo de México durante 2026 afectó ecosistemas marinos, especies protegidas y actividades económicas locales. Aunque Pemex reconoció posteriormente la fuga en un oleoducto de la zona de Abkatún-Cantarell, ambientalistas sostienen que el impacto fue mayor al inicialmente reportado.
Los casos documentados reflejan los desafíos ambientales y de salud pública que enfrentan comunidades cercanas a proyectos petroleros y de gas en México, mientras organizaciones civiles exigen mayor regulación, transparencia y medidas de protección para la población.