El chef José Andrés le da una lección a estadounidenses sobre cómo se toma el café en España: “Es algo social”.

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El cocinero asturiano ha explicado la cultura cafetera española en una reciente entrega de su newsletter, ‘Longer Tables’, repasando algunos conceptos patrios que en Estados Unidos se desconocen.
Hay pocos embajadores gastronómicos que representen de mejor manera a España que José Andrés.
El laureado chef, auténtica eminencia en Norteamérica, es el rostro de la ONG World Central Kitchen y, además, de numerosos restaurantes que pueblan Estados Unidos del toque culinario del asturiano.
Su esencia y sus valores han calado profundamente al sector internacional porque, lejos de renegar de sus orígenes, siempre ha defendido la cultura de la comida que se respira y vive en España.

Ejemplo de ello es la defensa que ha hecho en una reciente entrega de su newsletter, Longer Tables, del café y todo lo que lo rodea. Aunque adore su actual país de residencia y asuma que esta bebida es universal, su nostalgia le retrotrae a la singular cultura cafetera de su hogar: el cocinero asegura que tanto en España como en Estados Unidos se toman muy en serio el café, pero que en su país, en cambio, la manera de disfrutarlo es sustancialmente distinta.
Es una cuestión de ritmo de vida, de visión del entorno; de cultura, al fin y al cabo, y de cómo un ciudadano crea su pequeño universo de manera rutinaria y cotidiana. Allí se toma en grandes vasos y sobre la marcha; en España precisa de un instante de descanso o disfrute que lo acompañe, así como de la presencia de alguien con quien tomarlo. “Es algo social”, trata de resumir el chef.
Del carajillo a la ensaimada
No es tarea fácil describir algo que, más allá de explicarse, simplemente se vive.

Pero él lo intenta. José Andrés echa la vista atrás y recuerda los días en los que vivía en Barcelona, cuando Juanito le servía café con leche en el Bar Pinotxo de la Boquería; el café también es melancolía.
En realidad, es todo. Y de todas las formas. Para tratar de inyectar este conocimiento en la mente de los norteamericanos, enumera las clases más repetidas en los bares españoles: solo, cortado, manchado, con hielo (incluso con horchata) y aquellos que tienen licor, destacando el carajillo.
También menciona la costumbre de acompañar la taza con un dulce, haciendo hincapié en el concepto de merienda, y dejando de lado las cookies para ensalzar las magdalenas, las ensaimadas, los churros y las torrijas. Al más puro estilo español. Porque el mundo gira cada vez más rápido, pero en España el café sigue pidiendo tiempo y espacio.