Adiós al capital mexicano: Crece la salida de mexicanos de altos ingresos hacia Europa y Estados Unidos.
La movilidad internacional de los mexicanos está cambiando de rostro. Lejos de los patrones tradicionales de migración laboral, una investigación publicada por FORBES MÉXICO, revela que más de 28 mil mexicanos obtuvieron residencia legal en España y más de 9 mil en Portugal durante este año, conformando un incremento del 41 por ciento respecto a registros anteriores. Sin embargo, no se trata de migrantes en situación de vulnerabilidad, sino de personas con alto poder adquisitivo que cumplen con requisitos estrictos: inversiones mínimas de 500 mil euros en bienes raíces o ingresos superiores a 42 mil euros anuales.
Con estas cifras, México se posiciona como la cuarta nacionalidad con más residencias otorgadas en España y la sexta en Portugal mediante programas de inversión. Este fenómeno, catalogado por especialistas como una “evacuación selectiva”, se extiende también a Estados Unidos. En Miami, 42 por ciento de las compras residenciales por arriba de los tres millones de dólares en el último año fue realizado por mexicanos, mientras que en Texas se habla de un “boom silencioso” de familias provenientes de Monterrey y Guadalajara adquiriendo propiedades de entre cinco y ocho millones de dólares.
Este nuevo flujo migratorio corresponde al 0.3 por ciento de la población con mayores ingresos: empresarios, ejecutivos de alto nivel, fundadores de startups, herederos de grupos industriales, médicos especializados, abogados corporativos, banqueros y creadores de contenido que facturan en moneda extranjera. Es el mismo grupo que aporta el 72 por ciento del ISR de personas físicas y genera el 68 por ciento del empleo formal en México.
De acuerdo con Forbes México, Las razones detrás de esta salida masiva se concentran en tres factores principales: una inseguridad cada vez más dirigida y sofisticada hacia estos sectores; el estancamiento de la educación superior y la atención médica en México frente a estándares internacionales; además de un deterioro del estado de derecho, profundizado tras la reforma judicial que, según expertos, genera incertidumbre sobre la protección del patrimonio y la certidumbre jurídica.
A estos elementos se suma un dato inquietante del Knight Frank Wealth Report: 38 por ciento de los mexicanos con patrimonios superiores a 30 millones de dólares planean mudarse antes de 2030, una proporción superior incluso a la de países en crisis como Venezuela. Otra encuesta, realizada por De las Heras Demotecnia a 400 empresarios con fortunas superiores a 10 millones de dólares, reveló que 52 por ciento analiza seriamente sacar a su familia del país antes de la próxima elección presidencial.
La salida de mexicanos acaudalados tiene impactos económicos profundos. El Banco de España reportó un aumento del 68 por ciento en depósitos de residentes mexicanos en bancos de ese país durante los últimos dos años; en Lisboa, escuelas internacionales ya cuentan con listas de espera de hasta dos años por el arribo de familias mexicanas.
Cada familia que emigra con un capital estimado entre 10 y 20 millones de dólares deja de aportar entre 2 y 6 millones de pesos anuales en impuestos federales y estatales. Si solo una quinta parte de este grupo abandona México durante los próximos cinco años, la pérdida fiscal podría alcanzar entre 45 mil y 60 mil millones de pesos anuales, cifra superior a toda la recaudación por impuestos a bebidas azucaradas.
Aunque algunos discursos califican esta salida como un acto de deslealtad, especialistas a
