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	<title>Doce sentidos Archives -</title>
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		<title>El hilo de Ariadna: Buscando el origen de los doce sentidos desde una mirada neurodivergente.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriela Correa]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Jun 2026 22:37:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sostenibilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Doce sentidos]]></category>
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		<category><![CDATA[Neurodivergente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Capítulo I: El porqué detrás de la mente: Neurodivergencia, el costo del camuflaje &#160;y la...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-post-author-name">Gabriela Correa</div>


<p class="wp-block-paragraph">Capítulo I: El porqué detrás de la mente: Neurodivergencia, el costo del camuflaje</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;y la escuela por el mundo</p>



<p class="wp-block-paragraph">El murmullo amplificado del mundo. La bitácora de mi propia raíz: deconstruir el silencio para nombrar la mirada. Siempre viví habitada por una pregunta constante y persistente que dictaba el ritmo de mis pasos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Bajo qué luz o bajo qué sombra se empieza a tejer el hilo invisible de nuestra verdadera identidad?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde que tengo memoria, mi mente no se conformaba con la superficie de los hechos ni con las respuestas prefabricadas; necesitaba descender de forma casi obsesiva hasta la raíz misma de las cosas. Quería tocar el primer eslabón y entender con precisión la chispa exacta que detona una historia. Esa obsesión por el origen se convirtió, con el paso de los años, en el motor invisible pero implacable de mi vida entera. Sin embargo, para que ese motor pudiera encenderse, primero tuvo que sobrevivir a un terreno repleto de sombras, fricciones y aristas sumamente dolorosas. El camino escolar, la infancia y la adolescencia formal no fueron un espacio de juego; fueron zonas de constante resistencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Crecer, socializar y aprender dentro de un sistema educativo tradicional —estructurado de forma rígida, lineal y uniforme— sin un diagnóstico presente, transformó las aulas en un entorno hostil y abrumador. En un mundo diseñado para la neurotipicidad, mi alta sensibilidad era leída como un defecto de fábrica. Durante toda mi juventud, el entorno no dudó en etiquetarme: para ellos, yo era &#8220;dramática&#8221;, &#8220;exagerada&#8221;, alguien que sentía demasiado o que complicaba lo simple. Esa falta absoluta de comprensión hacia una mente que procesaba la realidad a un volumen, una velocidad y una intensidad radicalmente distintas, generó en mí un aislamiento silencioso. Para sobrevivir al rechazo y encajar en los moldes sociales, aprendí de forma inconsciente a construir una máscara perfecta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hice masking. Me obligué a imitar conductas, a contener mis crisis sensoriales, a sonreír cuando las luces y el ruido me lastimaban, a beber, bailar y ser parte de las fiestas y a forzar una normalidad que no me pertenecía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el camuflaje social tiene un costo biológico devastador. Sostener esa máscara durante décadas es una de las tareas más agotadoras que el cuerpo humano puede soportar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo, el cansancio psicológico mutó en un colapso físico tangible. El cuerpo, cansado de callar, empezó a hablar a través del dolor: llegaron las migrañas crónicas e incapacitantes llegando a un tumor cerebral , y más tarde, alertas en el corazón que me recordaban que la resistencia tiene un límite con una bradicardia .</p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de ese caos interno, el arte emergió como el gran moderador de mi existencia,</p>



<p class="wp-block-paragraph">la única estructura capaz de contener el desborde de mis sentidos. Lo que realmente me salvó y me ayudó a sostenerme en la vida fue el espacio sagrado que me otorgué al ser bailarina de ballet clásico. En la rigidez matemática de la barra, en el control absoluto del movimiento y en la belleza silenciosa de la danza, encontré un canalizador perfecto para mi hiperfoco. El ballet me enseñó a traducir la sobrecarga sensorial en disciplina, simetría y gracia corporal, convirtiéndose en mi primer refugio terapéutico mucho antes de que las palabras o la ciencia pudieran explicar lo que ocurría en mi mente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Buscando respuestas intelectuales a ese murmullo del mundo, me gradué de mi primera licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad del Valle de México (UVM). Inmediatamente me sumergí en el terreno laboral, trabajando en televisión y en los principales medios de comunicación nacionales. Sin embargo, el choque fue brutal. No lograba acoplarme a las dinámicas de ningún medio; me resultaba imposible digerir y aceptar la forma en que estructuraban la información, la superficialidad de las agendas y la falta de profundidad en el tejido social. Lo mismo me ocurrió al adentrarme en las esferas de la comunicación política: la rigidez, el robo y las narrativas de poder me resultaban ajenas. Fue precisamente esa frustración con las estructuras tradicionales y mi incesante necesidad de entender el trasfondo del mundo lo que me impulsó a querer estudiar más, a buscar más allá de mis fronteras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa sed de respuestas me llevó a España, a especializarme con una maestría en la prestigiosa Universidad Pompeu Fabra. Fue allí donde una evaluación arrojó la primera gran pista de mi mapa: poseía un coeficiente intelectual significativamente alto. Sin embargo, en aquel momento la etiqueta de las &#8220;altas capacidades&#8221; se quedó sola, flotando en el aire como una explicación parcial. El resto de mis neurodivergencias permaneció oculto, sepultado bajo el esfuerzo diario de mi máscara social. A partir de esa revelación, me convertí en una estudiante eterna, pero encontré mi salvación y mi verdadera libertad en el ecosistema de la educación en línea. Estudiar de forma remota y autónoma fue el santuario sagrado donde pude tirar la máscara, resguardar mi energía sensorial y respetar mi hiperfoco sin el juicio del entorno. Así continué acumulando carreras, maestrías y estudios de doctorado inconclusos, transitando desde las letras liberales en La Sorbona de París hasta la innovación social de la mano de la UNESCO, hasta hoy especialidades de periodismo gastronómico y regenerativo.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="720" height="939" src="https://repuntenoticias.com/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-15-at-1.32.10-PM-1.jpeg" alt="" class="wp-image-14004" srcset="https://repuntenoticias.com/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-15-at-1.32.10-PM-1.jpeg 720w, https://repuntenoticias.com/wp-content/uploads/2026/06/WhatsApp-Image-2026-06-15-at-1.32.10-PM-1-230x300.jpeg 230w" sizes="(max-width: 720px) 100vw, 720px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;Siguiendo defendiendo el formato en línea porque es el único que hace justicia a la velocidad de mi pensamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El quiebre definitivo y la transformación de mi propósito ocurrieron con la llegada de la maternidad. Al ver nacer a mi hijo, tomé una decisión inquebrantable: me rehusé por completo a heredarle la misma historia de dolor, incomprensión y etiquetas que yo había padecido en las aulas. Decidí que el sistema tradicional no volvería a ser una cárcel para una mente libre. Rompimos los moldes y decidimos hacer escuela por el mundo a través de sistemas de educación abierta. Viajamos juntos durante su infancia y adolescencia, recorriendo México de la punta sur hasta llegar al centro , transformando las carreteras, las cocinas, las zonas arqueológicas y las comunidades en nuestro verdadero salón de clases. Quería que él conociera su país absorbiendo los estudios directamente del entorno, tocando la tierra, escuchando a la gente y entendiendo la diversidad de su origen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucho tiempo después de trazar ese camino itinerante, el mundo se detuvo por el confinamiento de la pandemia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue en ese aislamiento forzado, cuando mi hijo tenía consciencia de su misión de vida, donde todas mis defensas colonizadas por el masking finalmente cayeron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;En la quietud crítica de la emergencia sanitaria, llegó el diagnóstico integral que entrelazó el Asperger, la dislexia y la alta sensibilidad junto a aquellas altas capacidades descubiertas en España.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al conocer mi diagnóstico tardío, el mapa inconcluso de mi vida finalmente se completó. Entendí que mi sensibilidad no era un eco disperso ni una exageración, sino la brújula exacta para encontrar el pulso original de la existencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda esa incansable búsqueda externa, y ese empeño por educar a mi hijo en libertad a lo largo de nuestro viaje, era en realidad un intento inconsciente por descifrar mi propio origen. Esta reconciliación con mi propia mente y mi historia como madre fue lo que me otorgó el orden y la claridad para dar vida a mi proyecto más profundo y bautizar esta bitácora como el inicio de un viaje hacia la esencia pura de nuestro territorio: &#8220;Del origen&#8230; a tus sentidos&#8221;.</p>



<p class="wp-block-paragraph">#DelorigenAtusSentidos #EnsayoSOStenible #Echoes #TurismoRegenerativo #EscuelaPorElMundo #Neurodivergencia #AltaSensibilidad #Masking #BalletClásico #UVM #PompeuFabra</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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